Todavía corría por mis venas la adrenalina, una jornada de más, solamente eso. Para alguien más quizás significaría mucho más, pero en esos momentos una verdadera confesión sería el hecho de que ya no me sorprende nada. Mal llevada, pero costumbre al fin, remolinos de ideas que se zambuyen sin dejar rastros de haber pasado por ahí.
A veces es mejor olvidar lo que uno hace mal, a veces es mejor mirar hacia adelante, pero sin olvidar lo que pasó ahí atrás. Las marcas se llevan de por vida no solamente en una cicatriz visible, si no en una invisible, que no va a curar nunca, nunca va a sanar. Vamos a convivir con esto de por vida, porque hay cosas de las que no se vuelve, nunca más.

No hay comentarios:
Publicar un comentario