Un poco de más, un poco de menos
—Hubiera sido mejor —dijo el zorro— que vinieras a la misma hora. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde; desde las tres yo empezaría a ser dichoso. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto, descubriré así lo que vale la felicidad. Pero si tú vienes a cualquier hora, nunca sabré cuándo preparar mi corazón... Los ritos son necesarios.

domingo, 12 de febrero de 2012

Alcanzamos las nubes de regreso a casa, acariciamos las gaviotas, lavé mis manos con agua de lluvia y besé los raspones de tus rodillas. Por mis labios corría un poco de tu sangre, y por mis mejillas lágrimas de felicidad; es que en meses no había sentido el calor de un abrazo, es que hacía meses la amistad me había abandonado.
Por fin pude encontrar un hombro donde reposar, al fin voy a dejar de sangrar. Ya no me arranco manojos de pelos y cocí mis calcetines rotos, me quité los guantes de hule para poder palpar la realidad. Escucharé eternamente el sonido del silencio, muy amargo y entristecedor por cierto, pero una gran compañía para quienes prefieren callar.
Nunca volveré a gritar mis debilidades, quizás vuelva a usar mis guantes de hule color amarillo chillón, así es más fácil alejarme del resto de las cosas que hacen mal y volver a mi lugar, donde mis calcetines están sanos, donde ya no sangro ni me escondo de la verdad. Ese lugar que está muy lejos y es el hogar donde se suicidan mis pensamientos.

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